sábado, 2 de junio de 2007

EL JUSTICIERO DE LA NOCHE (DEATH WISH 3)

Se trata de la tercera entrega de la saga del justiciero, y después de la primera, seguramente la más popular de todas ellas, ya que la Cannon (que ya metió mano en la segunda) se emperró en adaptar el film al tono reinante de entonces gracias a films como "Rambo", "Desaparecido en combate" o "Invasión USA", por poco que ello le pegara a las correrías del bueno de Paul Kersey. Sin embargo el resultado, lejos lejísimos del nivel de sus predecesoras, resultó todo un éxito y con el tiempo se ha granjeado una reputación de culto. Y es que "El justiciero de la noche" no es, para nada, una película normal. Recordaba perfectamente que en mis años mozos la tenía en un pedestal, era mi favorita de la saga "Death Wish" y estaba especialmente fascinado con todo el tramo final, lo veía una y otra vez. De hecho, incluso me molaba la banda sonora de Jimmy Page, de la que tanto se ha rajado en círculos especializados. Por eso tenía unas ganas inmensas de revisarla y os puedo asegurar que no fue ninguna decepción.
Lo primero que sorprende de "El justiciero de la noche" es su ritmo, acelerado, endiablado, todo ocurre a gran, gran velocidad, a lo que contribuye la ágil, fresca y nada encorsetada dirección de Michael Winner, así como el frenético montaje y esos zooms tan setenteros (a pesar de ser una producción inconfundiblemente ochentera!!). La mejor palabra para definir esta peli es DELIRANTE, no hay nada de verosímil en ella... lo que no deja de ser curioso, puesto que el crudo realismo es lo que hizo famosas las dos primeras entregas, sobre todo la peli-madre. Este especie de surrealismo ya es destacado por Paul Talbot en su libro (y Rick Sullivan en su fanzine "The Gore Gazette"), algo que indudablemente la hacía enemiga jurada de los críticos antes de estrenarse y que, al mismo tiempo, con los años le ha dado este estatus tan especial que posee.
De entrada ya es imposible creerse a Bronson como héroe de la función, está muy viejo. Podría pasar por un justiciero silencioso que se mueve por los oscuros callejones de New York, pero no cuela como el pseudo-Rambo que es (al menos en esta entrega). Otro elemento poco creíble (¿poco?, ¡¡NADA!!), es el romance casposo que se inventan para él... está claro que la chavala la meten ahí con calzador, de modo muy forzado, con el único fin de cargársela y motivar a Kersey a masacrar a todo Dios (y eso que a esas alturas de la peli está más que motivado), lo que ya resulta ridículo, pues un par de polvos y una llamada no creo que puedan crear una unión sentimental TAN fuerte como para que Bronson sienta lástima por la moza y decida requetevengarse (que además, es muchísimo más joven que él, y se encapricha del abuelo de un modo tontísimo y sin sentido alguno).
Pero quitando ese par de cosas (o, ¡que coño!, gracias a ellas), "El justiciero de la noche" resulta un divertimento fabuloso, super-entretenido y muy gozable... aunque sea a costa de risas no intencionadas (pero muy respetuosas y llenas de cariño). La peli es como un gran e inmenso tebeo barato, todo son estereotipos, cliches ultra-básicos y en general el tono de caricatura es sumamente remarcado. Desde ese barrio ultra-chungo a los malos de la función, con exagerados y aparatosos uniformes de "tribu urbana", tipos sin sentimientos, nacidos para hacer el mal, destruir y matar aunque no venga a cuento. Y hablando de matar, resulta curioso que el que más gente mata aquí sea el bueno de la historia... porque una cosa es que Charlie dispare sobre los asesinos de su hija, y otra es que lo haga del modo más frío sobre dos pobres gilipuertas que le están intentando robar el coche (por otro lado, una de las mejores secuencias de la película), o a otro únicamente por pisparle la cámara de fotos (y además nada de pistolitas, Kersey utiliza un pistolón de cuidado... otro elemento muy propio del cine de acción de esa década).
Sin embargo, es el final donde "El justiciero de la noche" toca el cielo. Una extensa mini-guerra entre bandas callejeras y vecinos enfurecidos que incluso matan a escobazos, repleta de explosiones, disparos, peleas... todo ello coreografiado de modo poco natural, pero que te hace saltar de la butaca y gritar cada vez que Kersey se come a balazos a alguno de los malos. Suerte tiene el abuelo de que estos tengan tan mala puntería, y de su super-chaleco anti-balas... destaca especialmente un momento en el que, para matar a dos pillastres, se sitúa cómodamente, apunta y dispara. En ese lápsus de tiempo, los malandrines no han parado de disparar sobre el super-justiciero y no le han alcanzado ni una vez, incluso la frustración se refleja en sus rostros. Mítico donde los haya.
El fin de fiesta no podría ser mejor: El jefe de la banda fenece de un cañonazo propiciado por un señor bazooka que Charlie guardaba pacientemente junto a la mesita del teléfono. Luego pilla los trastos, se va y créditos finales. Así, sin más, pim-pam, sin perder el tiempo, sin florituras... absolutamente brillante.
Recuerdo que en una ocasión, y con motivo de un programa-debate muy serio de la tele dedicado a los justicieros, echaron "El justiciero de la noche" como película-ilustradora... y cuando acabó, uno de los invitados dijo de ella que parecía un documental sobre la entonces de actualidad guerra del Golfo. Cuánta razón tenía el tipo... sin embargo, lo bien que me lo pasé yo aquella noche!!!.

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