viernes, 18 de agosto de 2017

ADOLESCENCIA

Aprovechando el tironcillo que a principios de los ochenta tuvo en nuestro país el cine sensacionalista, encabezado por aquellos éxitos del “Cine Quinqui”, Gérman Lorente, director al que ya le tiraban estos rollos, tan capaz de hacer una película para lucimiento del cantante Peret como fue “¡Qué cosas tiene el amor!”, como de firmar un “Exploit” de las películas de Mariano Ozores como fue “La vendedora de ropa interior”, se saca de la manga una historia de lo más amarillista en torno a una pareja de adolescentes que debido a la incomprensión de sus padres, deciden largarse juntos a emprender una nueva vida con los problemas que conlleva el ser menor de edad y no tener trabajo.
Entre tanto, sucederán hechos de lo más bizarros, que son los que dotan a esta película del montón, de cierto interés, porque la comedia involuntaria, y cierta incapacidad por parte del director están a la orden del día y al final, más que por Germán Lorente, parece una película dirigida por un extraterrestre. A la ristra de expresiones en desuso que salen de boca de los jóvenes, escritas por un señor mayor que cree que los adolescentes hablaban así, hay que sumarle situaciones hilarantes como la que une a los padres de ambos jovencitos fugitivos, la cual aprovecharán para, en un momento de debilidad, liarse los dos con un par de putones desorejados que están en el local donde ellos toman una copa, o ver cómo uno de los jóvenes más macarras y outsider del grupo, que lidera la banda, paga a una amiga que tiene para que practique sexo con él y su amigo, aceptando esta de buena gana. O cómo un detective les resuelve a los afligidos padres la papeleta antes, siquiera, de cobrar su minuta, o cómo los protagonistas conocen durante su fuga a toda suerte de enfermos mentales y pervertidos, que no dudarán en darles cobijo, pero siempre, a cambio de alguna placentera excentricidad que nuestros protagonistas no están dispuestos a pagar, o la obsesión infundada por parte de los padres de él, de que su hijo es maricón. El clímax de la película llega cuando el chico, en una búsqueda desesperada de dinero, juega a la ruleta rusa en un lugar destinado a tal efecto con otros jugadores experimentados. Puro delirio por parte de alguien que creía que tan solo estaba rodando una película actual y al uso.
Curioso resulta, al mismo tiempo, como la película, sin orden ni concierto, se pasea a sus anchas por el cine sensacionalista de Iquino, el “Cine Quinqui” de Eloy de la Iglesia, o el vodevil “Made in Ozores”, sin inmutarse, no siendo más que mera sombra de todo aquello y resultando, en el mejor de los casos, infinitamente más aburrido que las películas que toma como modelo.
Por otra parte, la película tiene el afán de lanzar como estrella cinematográfica a Ramoncín, que si ahora da asco, haciendo de macarra ya se pueden imaginar ustedes. Eso si, nos regala los momentos más divertidos –por patéticos- de la película, así como un arsenal de jerga callejera, 50% actual –de la época- 50% en desuso y culpa del guion, que hace que el espectador, a rasgos generales, se parta el ojete.
Lorente debía ser muy fan de Ramoncín, porque lo cierto es que le otorgó un papel de similares características que este en su siguiente película, “La vendedora de ropa interior”.
Por otro lado, la película pasó por taquilla de manera más bien discretita, con sus 140.000 espectadores de rigor, que son los mismos por los que una película española, a día de hoy, ya se la consideraría un éxito.
En los papeles principales, tenemos a Cristina Marsillach, que está ahí por guapa y por ser hija de quién era, porque lo cierto es que era una actriz espantosa, a José Luis Alonso, que le va a la zaga, Carlos Larrañaga, José Luis López Vázquez, Isabel Luque o Manuel Alexandre, entre otros.
Por otro lado, me hace especial gracia, porque gran parte de los exteriores están rodados en mi localidad, Alcorcón, más concretamente en mi barrio, por lo que supondrán el efecto que causa en mí ver las calles por dónde me he movido toda la vida, hace treinta y tantos años.
Curiosa y, con todo, hasta se deja ver.

miércoles, 16 de agosto de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "BLUES BROTHERS 2000"

La cabeza se la tenían que haber cortado a John Landis solo por esta película. Una secuela de "Granujas a todo ritmo" en plenos años 90, que no solo no interesaba a nadie, sino que además era la aberración fílmica del siglo. Con un niño repelente, John Goodman en vez de John Belushi (ya puestos, que lo hubiera hecho James) y un negro; Don Cheadle.
Gente más jóven fan de la primera parte, creen que esta segunda no existe... para dejar testimonio de que sí, aquí les dejo sus fotocromos.












lunes, 14 de agosto de 2017

SPIDER-MAN: HOMECOMING

Apenas lleva tres semanas en cartel y ya ha acumulado cerca de 800 millones de dólares en  todo el mundo. Y es que “Spider-Man: Homecoming” era el reboot que al trepamuros le hacía falta, así como “Volver a casa” era absolutamente necesario. La  decisión de Columbia, poseedora de los derechos del personaje para el cine, de compartir estos con Marvel Studios es la mejor que se ha tomado en el cine de Súper Héroes desde que este se ha convertido en el principal sustento de la industria Hollywoodiense. Y el incluir a un personaje tan querido como Spider-Man dentro del universo cinematográfico de Marvel, un soplo de aire fresco, y más teniendo en cuenta como se ha planteado el nuevo universo Spider-Man.
Como fan del personaje —es el personaje Marvel que más he leído— he de decir que ninguna de las películas existentes al respecto me han defraudado. Las de Sam Raimi, me gustaron, el primer reboot, las de “Amazing Spider-Man” un poco menos, pero también las tengo en alta estima. Sin embargo, “Spider-Man: Homecoming” es tan buena que hace parecer a todas las anteriores una puta mierda, e incluso es posible, bajo mi punto de vista, que estemos ante mi película del Universo Marvel favorita.
Y es buena, básicamente por tres motivos: La idiosincrasia del personaje exige que no sea tan espectacular como el resto, a saber, “ Los Vengadores” o “Guardianes de la Galaxia”. Y eso aquí es respetado. No es que no tenga escenas espectaculares, si que las tiene, pero a la altura urbana de nuestro amigo y vecino. En segundo lugar, todo el mundo sabe el origen de Spider-Man, así que no nos lo cuenta otra vez. No hace falta. Se limita a recordarnos que Spider-Man ya estuvo presente en “Capitán América: Civil War” y a partir de ahí se desarrolla un nuevo personaje que ya es de sobra conocido por todos. Y en tercer lugar, la película es cojonuda porque se salta a la torera todos los protocolos del universo clásico de Spider-man, y aún así, es el Spider-Man que el lector mejor identificará con los tebeos. Aquí el traje no se lo cose el propio Peter Parker, sino que se lo fabrica Tony Stark, así, tenemos un traje robotizado que e ajusta al cuerpo mecánicamente, mueve los ojos e incluso, al igual que la armadura de Iron-Man, tiene un asistente parlanchín con el que Parker se comunica. Y también tiene todos los gadgets típicos del Spider-Mán más clásico; el rastreador araña, la linterna araña, etc, así como otros gadgets que no desvelaré por no spoilear más de la cuenta.
Por otro lado, las principales motivaciones de Spider-Man no son otras que ingresar en Los Vengadores, por lo que hará méritos en su día a día. Aquí no hay Tío Ben que haga sentir culpable al muchacho, ni una responsabilidad anexa a un gran poder. Y aunque la aparición de Stark y el resto de referencias al universo Marvel son importantes para esta película, está todo introducido de una manera tan sutil, y tan hábil, que en posteriores entregas de la saga, si es que las hay, está todo preparado para que ya no sean tan necesarias, y disfrutemos de las aventuras de Spidey sin necesidad de cameos de Iron-Man, Capitán America y demás.
Otro punto que me ha llamado la atención es la distinción de clases; mientras que los Vengadores son un grupo de élite, poco menos que millonarios haciendo de las suyas con su pasta y/o súper poderes, “Spider-Man: Homecoming” quiere dejar claro que Spidey es un súper héroe del proletariado, un chaval de Queens (el Queens mejor recreado del cine hasta ahora, dónde, casi, el único hombre de raza blanca que se sitúa en ese barrio es nuestro Peter Parker) y que por lo tanto, no tiene mucho que hacer con sus coetáneos megalomaníacos. No puedo decir más sin spoilear.
Por otro lado, Tom Holland está estupendo como Peter Parker/Spider-Man, es sin duda el mejor de los tres que lo han interpretado en los últimos 17 años, y consigue un personaje simpatiquísimo con el que empatizamos, con el que nos divertimos y que resulta tierno y entrañable. Un acierto.
Así mismo, otra jugada maestra es la inclusión de Michael Keaton como El Buitre. Resulta un revulsivo para Marvel, y una patada en los huevos al subnormal de Iñarritu, ya que, intencionadamente o no, El Buitre es la respuesta de Marvel a “Birdman”, y lo hace con el actor que interpretó esa oda anti super héroes. Al margen de eso, Keaton está estupendo también, y al igual que Spider-Man, El Buitre es un villano del proletariado, un autentico currela, un albañil, hasta la polla de los poderosos y de los destrozos que causan los súper héroes. Esos destrozos precisamente, cobran un interés especial en esta cinta, ya que además de los motivos de la ira del Buitre, son la excusa perfecta para introducir a otros personajes muy queridos del universo Marvel de los cómics: Control de Daños, la unidad especial encargada de reparar los daños ocasionados por los súper héroes.
En definitiva, que está todo perfecto en este “Spider-Man: Homecoming”, amén de ser una película endiabladamente entretenida y vibrante; cada vez que Spider-Man entra en acción, la platea vibra.
El argumento es sencillo: En su afán por ingresar en Los Vegadores (como ya he dicho antes), Spider-Man trata de hacer méritos en su cuidad luchando contra el crimen, hasta que un peligroso Buitre entra en escena con planes más malévolos que le tocan de lleno a los Vengadores, y Spidey hará todo lo posible por evitar la catástrofe.
El director, Jon Watss, venía de hacer “Fan Movies” de “Robocop”. Pronto saltó al cine independiente con “Coche policial”, y ahora nos ofrece este mastodonte con el que dará que hablar (para bien) durante el resto de su carrera. Marvel no es tonta… y cuenta con esta jóven promesa para “Spider-Man”, pero es que para la próxima “Black Panther”, también cuenta con uno de los directores jóvenes más interesantes que hay en el panorama actual, Ryan Clooger, el dire de la magnífica “Creed”.
Así, da verdadero gusto ir al cine.

viernes, 11 de agosto de 2017

OFICIAL Y CABALLERO

No había visto yo nunca – y desconozco el motivo real, puesto que a mí las pasteladas románticas suelen gustarme- este “Oficial y Caballero” considerado ya un clásico con 36 años de edad, y la verdad es que el estatus de clásico del que goza se lo tiene de sobra merecido. Se trata de una película cojonuda y de una vigencia absoluta, que se mantiene como si hubiera sido rodada ayer. Y puedo decir esto pues llegué a ella virgen, no hay condicionante por mi parte a la hora de evaluarla, y  E.T´s”, “Goonies”, “Indianas Jones” y “Star Warses” aparte, “Oficial y Caballero” es una de las mejores muestras para comprender por qué el cine de los ochenta era tan cojonudo, al margen del cine espectáculo nacido en aquella década, tan popular hoy entre el populacho. Si hablamos de “Oficial y Caballero”, tan alejada -y tan cercana en cierto modo- de todo aquello, hablamos de gran cine, del que perdura, del que se disfruta dando igual la década en que nos veamos la película y del que se ha ganado a pulso el estatus de clásico del cual disfruta.
Protagonizada por Richar Gere y Debra Winger (aunque nombres como el de Travolta, que rechazo el papel, Geena Davis, Jennifer Jason Leigh,Jeff  Bridges o Christopher Reeves, se barajaron para protagonizar la película), cuenta la historia de un par de cadetes aspirantes a pilotos de los Marines de los USA que, aún advertidos de la presencia por la zona de “Caza-oficiales” (mujeres casaderas que buscan cazar a un oficial en busca de una vida mejor), se encoñan con un par de ellas, y mientras que uno acaba tomándose la relación más en serio –motivo este que le inducirá al suicidio- el otro ofrece sexo honesto desde el principio. Entre tanto, tendrán que lidiar con el vehemente del Sargento instructor, que se las hará pasar putas en su camino hacia la graduación.
Resulta muy curioso, que esta película que costó tan solo 6 millones de dólares y que recaudó más de 200 (en nuestro país la vieron más de dos millones y medio de personas), haya llegado a convertirse en lo que es hoy, puesto que durante su concepción no las tenía todas consigo; Don Simpson, el productor, ávido de cocaína y pastillotes, odiaba el guion, no le gustaba la película en general, ni le gustaba Debra Winger. Los continuos días de lluvia ponían en peligro los rodajes diarios y cuando escampaba, se quedaba una luz natural muy chunga, que por otro lado y pese a todo, favoreció el look de la película. Para más inri, la pareja protagonista se llevaba a matar, Winger decía que Gere era un desaborío y Gere le tenía envidia a la Winger, acusándola de, cuando ambos estaban en escena, robarle los planos, de ser más carismática que él.
Por otro lado, ese maravilloso final en el que Richard Gere, ya licenciado, entra en la fábrica de papel en la que trabaja Debra Winger, y a pesar de todo lo anteriormente vivido, se la lleva en brazos para darle la vida que ella buscaba –huelga decir que su amor se intuye verdadero-, un final tan icónico como la propia película, un final que madres de la época y jovencitas adolescentes recuerdan con especial excitación, y un final que posiblemente sea el verdadero motor del éxito de la película, a punto estuvo de no ser rodado; Tanto Don Simpson, como el director Taylor Hackford, como el propio Richard Gere, coincidian en que el final era una moñada  y que los derroteros de la cinta iban por otros senderos más duros. No se iba a rodar ese final. Pero ante la insistencia del guionista Douglas Day Stewart, que si que defendía el guion, como para que se callara, Hackford decidió rodarlo en una sola toma con la idea de desecharlo. Sin embargo, cuando lo rodaba, en las instalaciones reales de una fábrica de papel, dos de las trabajadoras que hacían de extra para la escena, al ver a Gere saliendo de allí con Winger en brazos, se emocionaron y se pusieron a llorar como dos benditas. Supo entonces Hackford, que ese final iba a funcionar. Cuando finalmente montaron la escena, con la música de Joe Cocker, y lo vieron juntos Gere, Simpson y el director, decidieron incluirlo porque, aunque en un principio eso no les gustaba, comprendieron que le daría un sentido distinto a la película, y que eso les iba a proporcionar un éxito mayor. Y así fue. De hecho, lo más recordado de la película, es su final.
La película fue un éxito mundial sin precedentes.
Por otro lado, le valió el Oscar como actor secundario a Louis Gosset Jr. que interpreta al hijoputa del sargento, y que como le pasó a todos los actores negros que ganan Oscars como secundarios –caso mismo de Cuba Gooding Jr.- después del premio, pocos papeles relevantes protagonizaría después, encasillandose Gosset en papeles de militar con mala hostia.
Debra Winger por el contrario, despegaría en su carrera, aunque poco después acabaría hasta el coño de Hollywood reduciendo así su intervención según avanzaba el tiempo, Richard Gere se convertiría en galán y Súper-Estrella en una carrera que se prolongó hasta, prácticamente, nuestros días, y el director, Taylor Hackford, rodaría unos cuantos films de éxito, si bien, ninguno llegaría a las cotas de popularidad y calidad que el que nos ocupa. Como muestra de su trabajo, citaré, “Noches de Sol”, al servicio de Gregory Hines y “Pactar con el diablo”con Al Pacino.
Qué gran película.

miércoles, 9 de agosto de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "LA PATRULLA DE LOS INMORALES"

Una comedia setentera de Robert Aldrich, director de "Doce del patíbulo", entre otras, que transcurriendo en un entorno policial, no era en exceso desmadrada. Lo desmadrado vino cuando aprovechando el tirón de "Loca Academia de Policía", apareció esta película en videoclubes a ver si picába alguien.
No me extiendo más, que la reseña del film en cuestión, caerá en un momento u otro. Les dejo con los fotocromos.












lunes, 7 de agosto de 2017

PEPE, NO ME DES TORMENTO

“Pepe, no me des tormento”, producción de José Frade un tanto extraña,  resulta una rara avis a todas luces dentro de la comedia Española. Porque de manera totalmente involuntaria, esta película toma los arquetipos de la “Comedia Madrileña” de finales de los setenta y primeros ochenta, personajes intelectuales con profesiones dentro del ámbito artístico, y le da una vuelta a todo eso, convirtiéndose, sin saberlo, en una parodia de los Truebas, Colomos y Gutiérrez Aragón de la época. Es como si se introdujeran esos personajes en una película de Angelino Fons, por poner un ejemplo de lo más chabacano. Todo ello servido con una zafiedad y una cochambre que contrasta con la alegre y vistosa fotografía, que le da un toque extraño a toda la película, otorgando una imagen también poco habitual en la comedia española de la época.
Llena de gags, unas veces surrealistas, otras ingeniosos, y de sal gruesa la mayoría de las veces, “Pepe, no me des tormento” resulta una película atípica en cualquier caso, desde sus protagonistas, que no son los habituales en este tipo de comedias de los años ochenta, Emilio Gutierrez Caba y Luis Varela, hasta la presencia de una Cecilia Roth, recién salida de hacer “Arrebato” con Zulueta, que estando casi todo el metraje desnuda, da gusto verla de lo buena que está. Aborda un registro cómico a la vieja usanza, y lo hace con solvencia.
Cuenta la historia de dos amigos de la infancia que llevan toda la vida juntos, que han de escribir un guion cinematografico en ocho días. El como se distraen de las más variopintas formas, para nunca llegar a ponerse a escribirlo, componen el grueso del argumento.
Dentro del reparto, también destacaría la presencia de Carla Antonelli, la primer diputada transexual, que miren ustedes por dónde, interpretando asimismo a un transexual, en un momento que ha de vestirse como un hombre, nunca lo parece, incapaz de trasmitir masculinidad. Muy curioso,
La película, que cumplió su función en la taquilla llevando a cines a unos casi 180.000 espectadores, apareció en vídeo con la carátula que adjunto abajo, que tratando de explotar el humor más desmadrado de la época que no está, sin embargo, tan presente en la película, añade al titulo unos puntos suspensivos para convertirlo en más zafio todavía, pareciendo la cosa un estúpido juego de palabras en el que el espectador, al ver la carátula asocia el título a la sodomía. Me explico; “Pepe, no me des… (cambien los puntos suspensivos por un más contundente “por el culo”) tormento”, y ya tenemos el gag hecho. Espero haberme explicado bien.
La dirección corre a cargo de José María Gutierrez González, quien tan solo dirigió cuatro largometrajes, de los cuales, el más popular sería “Los Autonomicos” a mayor gloria de Juanito Navarro y Antonio Ozores, en la que dirigiría un guion de Mariano Ozores.
“Pepe, no me des Tormento”, sería una curiosidad muy extraña, rara (y desperada) que resulta un divertimento de lo más simpático.

viernes, 4 de agosto de 2017

PIERNAS ARRIBA

En un principio “Piernas Arriba” iba a ser una alocada comedia picantona, adscrita al destape, pero sin más que un par de desnudos y mucha diversión. Sin embargo, la exhibición pedía carnaza en sus cines de barrio, y por eso, y por una supuesta falta de metraje para llegar a una duración estándar, se rodaron aparte unas cuantas escenas porno soft de escaso gusto, que se insertarían sin mucho orden ni concierto al metraje cómico existente, pariendo así una película de clasificación “S”, que en aquellos días de 1982, más que una clasificación sinónimo de denuncia, lo era de  comercial. Y en esa tesitura se estrenó.
Cuenta la historia de dos detectives contratados por parte del dueño de un hotel. En este, se están cometiendo una serie de asesinatos contra unas señoritas. Para no llamar a la policía, ya que estos hechos podrían hacerle perder la clientela, los detectives a los que acabo de hacer mención, se ocuparan del caso, y por el camino, se ponen las botas con algunas de las poco higiénicas tías que salen en la película.
Protagonizada por el gran José Carabias –en uno de los pocos papeles protagónicos de su longeva y prospera carrera- y por Tito García (La Guerra de los niños), los actores mantienen que cuando rodaron la película pensaban que estaban rodando una comedia al uso de lo que se llevaba entonces, pero que en ningún momento supieron que rodaban una película porno soft, por lo que, engañados, siempre dijeron que no sabían nada del asunto; que insertaron las escenas de folleteo sin su conocimiento –ni consentimiento-. Sin embargo, si que hay una escena en la que ambos actores chupan los pezones al unísono, de la misma actriz, y bajan al pilón ambos, a unas distancias tan escasas que si no hubo cunilingus real, el olorcillo tuvo que llegarles, y hasta algo de sabor. En la escena de marras, Tito García, escupe pelo. Y si esto ocurre es, con la cámara como testigo, porque tuvo la boca demasiado cerca de los montes de Venus.
En cualquier caso, la película es un puzzle de malas escenas, mal dirigidas, mal interpretadas, peor escritas, y montadas por un mono amaestrado, que mezcla escenas con más luz con otras donde esta escasea, así como se encarga de que los protagonistas hagan gestos lascivos cuando, para justificar un inserto, hacen esos gestos al aire.
El resultado de esto, es la obra de un absoluto inútil.
La película pasó discretita por las salas, 75.000 espectadores, y la dirección corre a cargo de un director más interesante que sus propias películas; Justo Pastor.
Pastor, venía del teatro, dónde en los años 70 tuvo algún que otro sonado éxito y dónde, ocasionalmente, hacía de actor. Iniciado en el cine gracias a su amigo Eloy de la Iglesia, para el que hizo de actor en unas cuantas ocasiones, Pastor debuta en la dirección de cine “S” con títulos tan sugerentes como “Con el rabo entre las piernas”, “Aberraciones sexuales de un diputado” o “Ya no soy virgen, olé, ya no soy virgen” para en 1983 ser condenado al obstracismo y no volver a ponerse detrás de las cámaras  hasta 1997, año en el que vuelve a dirigir. Pero no lo hace con un viejo y acariciado proyecto que no hubiera podido llevar a cabo en su momento, que va, lo hace dirigiendo la primera película porno de Poli Díaz: “El potro se desboca”. Y ahí acaba su carrera cinematográfica.
No obstante, en 2009, pocos años antes de su fallecimiento, también podemos verle haciendo de si mismo en la película de Leonardo Dantés “L.A.R.R” dónde hace de si mismo y le vemos muy a gusto, suelto e integrado, al lado de Tony Genil y diversos freaks que aparecen en esa película y que comparten plano con el director.
Como dato de interés para los más cotillas, decir que durante buena parte de los 70, Justo Pastor, fue amante de Eloy de la Iglesia.
“Piernas Arriba”, puede que sea lo más parecido a una película normal que ha hecho, por mucho que cuele planos de tetas y felpudos en escenas en las que no vienen a cuento, solo para poder meter ese metraje en algún sitio.

miércoles, 2 de agosto de 2017

LOS ARISTÓCRATAS (10): VÁZQUEZ


Un mes más llega "Los Aristócratas", en esta ocasión dándo un cambio de tercio hablando de cómic, dedicando un programa a uno de los autores más representativos de la escuela Bruguera, el comúnmente llamado "El Gran Vázquez" o "Tío Vazquez". En definitiva, Manuel Vázquez.
durante poco menos, Ángel Codón y yo nos ponemos a hablar un poco de su obra, un mucho de su vida y un tanto sobre la historieta española.
Sin más, ahí les dejamos el reproductor.