martes, 31 de diciembre de 2013

GALAXY DESTROYER

Brett Piper es un personaje del todo singular. Algunos lo calificarán de "cineasta ultra-independiente" por aquello de que lleva desde el ya lejano 1982 pariendo largometrajes de bajísimo presupuesto en, básicamente, el patio trasero de su casa. Pero, vistos los resultados, yo lo llamo "un amateur muy ambicioso", alguien que se curra películas caseras de "alto standing" pero que, en esencia, siguen siendo caseras, repletas de lo que es la especialidad del Sr.Piper, los efectos especiales de tirón artesano. Stop-motion, maquetas a porrillo, pinturas "mate", etc, etc. De hecho, solía presumir de ser uno de los pocos creadores que aún no había sucumbido a los efectos informáticos... hasta hace poco (¿nos lamentamos?). Pero antes de eso, el amigo tuvo tiempo de parir un buen puñado de largometrajes que, así de lejos, pintan cojonudos (... de muy lejos), y lucen títulos tan atractivos como: "Mysterious Planet", "Mutant War", "Drainiac", "Psyclops", "Arachnia", "Shock-O-Rama" o "Bacterium" (sin olvidar sus legendarias colaboraciones con los Hermanos Polonia). Hay dos momentos álgidos en la carrera del muchacho, uno, cuando la Troma adquirió su película "Dark Fortress", la rebautizó como "A nymphoid barbarian in dinosaur hell" (ahí, ahí, Lloyd Kaufman alardeando de su intachable gusto y respeto por el material que maneja) y la lanzó a voltear por medio mundo (en España se tituló "Ninfa Bárbara" y, ya que estamos, es del todo lamentable) y, dos, cuando otro piltrafilla de la serie Z como es Sam Sherman le compró una cosa de zombies y niños repelentes titulada "Dying Day", la masacró, puso su nombre como director (relegando el de Piper a responsable de FX) y la estrenó como "Riders of the living dead" (en España "Guerreros del más allá", pueden leer sobre ella en nuestro pest-seller). Entre toda esta orgía de caos y cine chungo está "Galaxy Destroyer", otra de las poquísimas obras de Brett Piper aterrizadas en nuestros video-clubs que, pa la ocasión, conserva uno de sus títulos originales (el otro es "Battle for the lost planet", como bien ilustra el cartel yankee que les he puesto por aquí cerca). Curiosamente la caratula del VHS, además de lucir un par de imágenes mangadas (la rubia y el pseudo-Flash Gordon), no lleva el nombre del director por ningún lado (menudo gafe, por dios). En concreto la epopeya está fechada el año 1986 y merece que le dediquemos unas cuantas líneas porque no tiene desperdicio.
Harry Trent, espía, ladrón industrial y golfo, escapa de los malos agenciándose una nave espacial por la patilla. Al abandonar la atmósfera terrestre, se cruza con un porrón de artilugios marcianos que se dirigen a nuestro planeta para invadirlo. Harry es testigo del saqueo, pero no puede hacer nada, solo pasarse cinco años y pico flotando hasta que la misma gravedad del planeta azul le arrastre. De nuevo en tierra firme, conocerá a un puñado de supervivientes a los que se unirá

para acabar con los invasores -que viven instalados en nuestro globo y tienen a los humanos esclavizados- gracias a una oportuna super-bomba. Por el camino, se asociará con un pseudo-"Mad Max 2" con cara de Stallone y que opina que "Las mujeres no necesitan ser inteligentes, pensar demasiado les perjudica", se colocará fumando con un ermitaño drogadizo y se enamorará, además de poder pegarse el gusto de soltar algunos chistes y chascarrillos porque, ahí donde la ven, aún siendo una de aventuras y ciencia ficción seria, "Galaxy Destroyer" tiene su -no muy afortunado- lado humorístico (tal vez el gag más llamativo caiga justo al final del todo).
Si has leído a fondo todo lo expuesto hasta ahora, y tienes en cuenta el año de producción del film, es fácil deducir que "Galaxy Destroyer" es bastante cutre. Rodada en 16mm, con momentos de cámara al hombro estéticamente no muy coherentes con el espíritu de la obra, algunos planos desenfocadillos y más amigos del dire que actores profesionales, lo que abunda durante el metraje son los efectos artesanos, maquetones (ojo a las ciudades destruidas durante el ataque marciano), monstruos a base de stop-motion, maquillajes bastante chapuceros (los invasores son muy patéticos, sobre todo por esa nariz con forma de polla), trasparencias y pinturas algo cantosas. Pero se puede perdonar porque todo ello chorrea mucho encanto (mi parte favorita son las escenas que se desarrollan en el espacio. Según el director, Mercurio está habitado por una especie de tortuga-araña). Lo imperdonable es que, pa variar, donde más hace aguas "Galaxy Destroyer" es en su ritmo, su tempo, y lo incapaz que se muestra el dire de que el pitote nos distraiga y entretenga un mínimo. Vamos, que es un poco chapas, pero con algo de paciencia, comprensión, compasión y sentido del humor, se puede soportar bien.
Entrañable a su manera.

Gracias a Mr.Pajarillo por el préstamo.

lunes, 30 de diciembre de 2013

BLOOD FEAST

A día de hoy, "Blood Feast" (1963) es mundialmente re/conocida como la primera película abiertamente "gore" de la hitoria del cine. En realidad, antes que sus responsables, Herschell Gordon Lewis (director) y David Friedman (productor) -y Allison Louise Downe (guionista)-, el cine asiático y fugazmente el terror italiano ya habían mostrado material notoriamente truculento. Pero en todas aquellas muestras primerizas el "gore" era algo fugaz, un complemento, nunca el protagonista. Eso no llegó hasta que, ahora sí, Lewis y Friedman, dos hombres de negocios puros y duros, más interesados en los billetes verdes que en la creatividad (y ya ni digamos el arrrrte), se dieron cuenta que el frasco de las habichuelas ya no estaba tan lleno desde que el tipo de cine que solía ser su especialidad, no tenía tanto éxito. ¿Y de cual se trataba?, pues de "nudies", "nudie cuties" o de "roughies". Dicho de otro modo, de todo aquello que, aún mostrando tetas y demás actos eróticofestivos, podía estrenarse en pantallas de cine comerciales sin escandalizar demasiado, ni meterse en marrones legales. Por entonces ya existía la pornografía, pero era algo totalmente marginal, clandestino, y así lo sería hasta los años 70. Aquellos que querían pajearse tranquilos sin que la policía les cortara el rollo tenían que conformarse con ver las películas esputadas por gente como el tándem Lewis/Friedman.
Dada la desesperada situación (y saturación de mercado), ambos buscaban otra fórmula
de idéntico potencial lista para ser exprimida. ¿Y si en lugar de "sexo", ofrecían la violencia más destroyer, gráfica y explícita nunca antes mostrada en una pantalla?. El fin era exactamente el mismo: llamar la atención, regalar la vista con aquello considerado inmoral y semi-prohibido y lucrarse durante el proceso. En lugar de follar, la audiencia vería asesinar. Y ya que el mete-saca no podía mostrarse con todo detalle, iban a recrearse enfermizamente y coloridamente en los actos más truculentos y despiadados (aunque sin olvidar a las mozas de buen ver muy ligericas de ropa, of course). Es decir: pornografía. En la pornografía nos importa un güevo lo que pasa entre polvo y polvo. En el "gore", es tres cuartos de lo mismo. Miren los "slashers", o las películas alemanas consideradas extremas. Pasamos a cámara rápida o pensamos en la lista de la compra cuando los personajes hablan o pasean, pero nos paramos y nos deleitamos gustosamente cuando se nos muestra el acto salvaje, la mutilación.
Aunque el talento de H.G.Lewis como cineasta sea muy limitado, no se trataba ya de que el hombre desconociera el modo de facturar bien las películas, es que a él tampoco le interesaban demasiado las partes que no incluían hemoglobina. No por una cuestión de gusto personal, sino porque el material salpicante era el que la gente pagaba por ver. En sus películas "gore" no hay ritmo, ni suspense, casi ni progresión narrativa, solo una serie de excusas para mostrar la chicha, pa ver cómo el asesino de rigor se pasa tres pueblos con la chica bonita, algo que no tardaría en generar acusaciones de misoginia, ya que en todas las producciones sangrientas de Lewis las que reciben son siempre mozas. Sin embargo, calificarlo de tal cosa es un tanto excesivo, ya que la implicación del cineasta con su material es pura y formalmente mínima, muy superficial (de hecho, el guión de "Blood Feast", y tantas otras de parecido calado, lo firmó una mujer, la esposa de Lewis en la época, la mentada Allison Louise Downe). Es un negocio, es dinero, no hay ninguna otra intención detrás, ningún mensaje, ninguna reflexión, ni buena, ni mala.
Lo sé, sueno como un crítico de cine amigo de Garci, pero no se confundan. Que acepte sin remilgos el binomio "gore" = porno, no significa que lo condene. Es un acto de honestidad. No me importa reconocerlo. Tampoco me excita sexualmente, pero sí me fascina y, muchas veces, noto cómo se me dispara la adrenalina y rebobino para volver a ver el hachazo o el aserramiento. Eso sí, siempre, siempre, teniendo bien claro que se trata de trucajes, de mentira. Jamás me verán con una guarrada real entre manos, ni aunque sea un "mondo". Cualquiera que acabe DE VERDAD con la existencia de un ser vivo en una puta peli solo merece que lo cuelguen de los cojones y le aporren la cabeza con un bate de beisbol... y a aquellos que lo ven, lo gozan y lo permiten, igual. Así se lo digo y así se lo cuento.
Una ricacha quiere montarle una fiesta de cumpleaños a su mimada hija (la guapísima chica "Playboy" Connie Mason, realmente incapaz de actuar, como muchas veces reconocieron sin tapujos los mismos Lewis y Friedman), así que contrata los servicios de Ramses, egipcio de grandes y pobladas cejas que es puro histrionimo desbocado (el culpable, Mal Arnold, años después actuaría en uno de los subproductos ultra-"trash" de Donald Farmer, en concreto "Vampire Cop"), para que monte un banquete. Lo que no sabe la señora, es que el colega va por ahí asesinado a hermosas jovencitas a las que destripa con el fin de meter sus pedazos en una olla y cocinar el delicioso manjar con el que celebrar la resurrección de su querida diosa Ishtar. Suerte tenemos de un policía de lo más enrollado -y pederasta-, que se flipa por los encantos de la moza homenajeada y anda dispuesto a cazar al malvado Ramses.
Contado así, todo suena muy llamativo y "espectacular". El problema es el cómo. Y resulta que Herschell Gordon Lewis y David Friedman eran unos chapuzas de tres pares de cojones. "Blood Feast" es rematadamente cutre e incapaz. Actores terribles, desencuadres, torpes movimientos de cámara, desenfoques, sonido de lata, raccord masacrado, montaje desalmado, efectos especiales de feria (básicamente tripas sacadas del mercado y maniquís impregnados de una rojísima sangre parida con productos de cosmética).... todo ello muy amateur, en el mal sentido. No olviden que hablamos del cine "exploitation" de los años 60, de cuando incluso estas películas, genuinamente independientes y en algunos casos prácticamente caseras, podían encontrar su pequeño hueco en las carteleras y, especialmente, los auto-cines.
"Blood Feast" es, ante todo, un producto entrañablemente risible. Te partes el ojal viéndola, lo que incrementa su indudable encanto. No sé hasta qué punto, consumida en su estreno, pudo resultar realmente impactante para las plateas adultas. En un ataque de romanticismo podemos pensar que todos salían escandalizados, o usaban las famosas bolsitas para vómitos que se regalaban en algunos cines con la entrada, pero lo más probable es que la peña se la tomara a cachondeo. Eso no quita que fue original en su concepto y, sí, innovadora. Ver cuerpos troceados y mutilados de aquella manera, y disfrutarlo a todo color, no era desde luego más de lo mismo, a pesar de lo increíblemente mal ejecutados que están los asesinatos, y lo absurdos que son, como cuando Ramses arranca la lengua de una chica ¡¡con las manos desnudas!!. Fascinante. Aún faltaban muchos años para la llegada del "boom"  de los efectos de látex, del maquillador como la estrella de la función y de la revista que todo lo impulsó, "Fangoria".
Cuando el "exploitation" puro murió, todo este cine, y todos sus responsables, fueron rápidamente olvidados. Y casi nadie se acordaba de ellos ni los reivindicaba hasta su recuperación gracias al floreciente mercado del vídeo en los 80. Ahí sí, ahí comenzó la mítica respecto a Herschell Gordon Lewis, "Blood Feast", el "gore" y la madre que los parió. Claro que, antes de eso (y de que Lewis se retirara del cine y se dedicara con mucho éxito a escribir sobre merchandising, economía de mercado o no se qué polladas) la carrera del cineasta aún esputó un puñado de obras de la más truculenta baja estofa como "Wizard of gore" o la demencial "The gore gore girls", que fue la primera peli clasificada X por su bizarra combinación de sexo y violencia. Fíjense que también entonces H.G. seguía siendo pionero utilizando la etiqueta "gore" incluso en los títulos de sus películas, treta esta que era puro gancho para todos los aficionados a las salpicaduras (y que a mi, de chaval, me volvía totalmente loco de placer).
Una vez recuperada y reivindicada la labor del amigo Herschell, lo demás es ya pura historia, historia compuesta básicamente de remakes no legales ("Fonda Sangrienta" y "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", ambas comedias), remakes sí legales ("2001 Maniacos", su segunda parte y el otro "Wizard of gore"), documentales, reconocimiento mainstream y secuelas. A mediados de los 80, Fred Olen Ray anunció un "Blood Feast 2", con Michael Berryman en el reparto, que nunca se llevó a cabo. Esto únicamente lo consiguieron los mismos Herchell Gordon Lewis y David Friedman, juntos de nuevo, en el 2002 con la peli que representaba su verdadero "return", "Blood Feast 2, all u can eat", a la que, seis años después, siguió "The Uh-oh show". Ambas rematadamente malas (o directamente horrendas) y en las que se apuesta mucho más abiertamente por el humor, por el cachondeo y el delirio. Cierto que, salvo "Blood Feast 1" que intentaba ser seria, Lewis ya solía tirar de la risa, aunque fuese en pequeñas dosis (de hecho, hasta cierto punto "2000 Maníacos" es la primera "comedia gore" de la historia. Y "The gore gore girls" se pretendía genuinamente una coña, solo que estaba tan mal parida y era tan retorcida, que nadie lo notó) pero ese humor era siempre extremadamente negruzco. En sus últimas producciones -especialmente "The Uh-Oh Show", pues aún "Blood Feast 2" a ratos resulta un tanto perturbadora- el cineasta parece especialmente interesado en desmarcarse del lado más mal rollero y enfermizo del tipo de cine que él mismo ayudó a crear. O casi directamente creó, con ese anti-clásico altamente recomendable, tanto por su condición de curiosidad, de pieza de estudio antropológico como de amplio generador de carcajadas que es "Blood Feast". Y es que la edad no perdona, amiguitos.

domingo, 29 de diciembre de 2013

BLOB, MASA MORTAL

La primera vez que tuve conocimiento de una edición videográfica española de "Blob, masa mortal", fue yendo de mercadillos. Allí la localicé, pero por desgracia su formato no era VHS, ni tan siquiera Beta, sino Video-2000. Y el precio un tanto exagerado, así que allí se quedó. Tiempo después, mi amigo Enorm, que también fue testigo de aquella primera vez, la encontró en VHS, la compró a cambio de una suma muy razonable y, conocedor de mi deseo y morbo enfermizo, me la prestó (¡gracias querido!). Esperé al momento adecuado para disfrutarla, consciente de su condición de rareza y de que tenía que consumirse y consumarse con todos los sentidos activados. Quedé con mi otro amigo videoadicto Mr.Pajarillo y, aquella misma noche, la metimos en el reproductor y le dimos al "play". Bien, al terminar, y a pesar de las tremebundas ganas que arrastraba desde hacía tiempo, no sabía qué coño podía decir/escribir sobre ella. Estaba lo que se dice, totalmente desarmado.
Después de reflexionarlo mucho, llegué a la conclusión de que la única manera posible de comenzar un análisis de "Blob, masa mortal" era a través del film original que motivó su existencia, es decir, "The Blob", la primera, el clásico, la de 1958. En teoría su título oficial español es "La masa devoradora", pero yo la conocía como "La burbuja del terror". La primera vez que la vi fue  en Super 8. Mis padres tenían una de esas versiones resumidas que uno podía comprar o alquilar antes de la aparición del vídeo, y fueron unas cuantas las ocasiones en las que la vimos proyectada en la pantalla. A veces marcha atrás, lo que la hacía especialmente divertida. Finalmente terminó destrozada y mutilada cuando me entró la vena de hacer extraños experimentos con celuloide. Obviamente me arrepiento de ello, pero era joven e iluso. No pasaron muchos años hasta que supe que existía también una secuela de aquella vieja película, pero la verdad es que desconocía por completo que había llegado a estas tierras y tampoco tenía especial interés en consumirla.
Por lo visto el productor de la original, Jack H. Harris (impulsor también del posterior remake y de títulos tan atractivos pal fan como "Equinox", "El monstruo de las bananas" -la primera peli de John Landis, "Dark Star" -la primera de John Carpenter-, "Ojos" -de Irvin Kershner, con guión de Carpenter- y "Prison Ship" -¡¡de Fred Olen Ray!!-) llevaba tiempo queriendo parir esa segunda parte, ya que la primera había sido un exitazo, pero por alguna razón no lo logró hasta pasados 14 años y en parte fue gracias al interés que en ella puso un actor y director televisivo joven y hambriento de éxito, Larry Hagman, sí, el legendario "J.R." de la no menos legendaria serie "Dallas".
Todo eran buenas intenciones por parte de Harris y Hagman, el problema fue que, en 1972, las cosas habían cambiado mucho. Estados Unidos había mutado, aún andaba calentita la revolución hippie y el cine se encontraba en pleno periodo de cambios. Larry Hagman apenas contaba con 30 tacos, así que imaginaos el percal. Resumiendo, "Blob, masa mortal", conocida en v.o. como "Beware! The Blob" o "Son of Blob", terminó convertida en una comedia altamente improvisada. Según declaraciones del guionista original, se pasaron su libreto por el forro de los cojones. En general la improvisación es un sistema que me mola, pero no cuando se resuelve a base de interminables diálogos y monólogos que los actores sueltan para rellenar el silencio de forma desesperada (como es el caso). Todo acabó resultando muy caótico, anárquico y, yes, muy hippie. De hecho estos tienen una notable presencia en el film, o se les ve en plena fiesta psicodélica o son motivo de chistes y chascarrillos. Y, acorde a todo eso, la peli está rodada muy toscamente, con una cámara nerviosa que se pasa casi todo el metraje apoyada en el hombro del operador y una fotografía algo cerdosa y oscura. En este campo merece la pena destacar la presencia nada menos que de Dean Cundey, futuro colaborador de John Carpenter y Steven Spielberg (!!!), que aquí, joven e inexperto, limitó sus tareas (como bien se indica en los títulos de crédito) a las "secuencias con animales", que no son muchas (??).
Pero el de Dean Cundey no es el único nombre (+ o -) famoso asociado a este descalabro, hay más. Tenemos a Robert Walker Jr. (que recientemente asomó en este blog por su protagonismo en "Olivia: Dulce asesina"), Carol Lynley, el gran Gerrit Graham en un rol muy pequeño, Dick Van Patten (sí, el de "Con ocho basta") y otros que tampoco necesitan presentación como Burgess Meredith (el entrenador de "Rocky Balboa") o Sid Haig (la última musa de Rob Zombie, haciendo casi de extra). Como vemos, muchos de ellos eran -y serían- rostros habituales de la caja tonta, entorno natural del mismo Hagman, que venía de dirigir algunos capítulos de una serie y, tras "Blob, masa mortal", no volvería a comandar nada más (y no me extraña). Él también se marca un papelillo como vagabundo. Y no podemos olvidarnos de Doug Wesbick encargándose de ciertas escenas de animación, que poco después repetiría en tan sórdidos ámbitos con "Las aventuras de Flesh Gordon". Poco imaginaba él entonces que terminaría involucrado en algunos de los films más legendarios e importantes de la historia del cine fantástico (mira Imdb si te pica la curiosidad).
Para hablar del argumento del film, tenemos dos opciones. O leemos y hacemos caso a lo que dice en la parte de atrás de la caratula, o directamente le damos al "play" para percatarnos de que todo lo ahí descrito es, en cierto modo, falso. Dice así: "El geólogo GODFREY CAMBRIDGE, trae a su casa de una expedición en el Polo Norte un interesante trozo de roca rojiza dentro de un envase herméticamente cerrado. Por extrañas circunstancias, la tapa del envase se abre cayendo la roca al suelo a la vez que se convierte lentamente en una repugnante masa gelatinosa... bla, bla". Bien, el tal GODFREY CAMBRIDGE (¿por qué en mayúsculas?) es un "nigga" algo tonto y gordo que va desesperado por tirarse a su injustamente atractiva mujer. Para demostrarnos que es científico (apellido aparte), vive en una tienda de campaña montada en su propia sala de estar (??). Eso de que es geólogo y que viene del Polo Norte se me escapó. Lo que está claro es que "las extrañas circunstancias" que liberan al "blob" son, simplemente, que la palurda de su esposa encuentra el frasco en el congelador, lo abre y lo deja expuesto al aire, de ahí que la masa se descongele y comience a devorar. El amigo GODFREY no tarda en caer en sus pringosas zarpas, justo en el momento en que estaba sentado frente al televisor viendo... sí, ¡¡el "The Blob" de 1958!!.
Sigamos con el texto de la caratula, termina así: "¿Qué es esa extraña "cosa" que les ataca vorazmente?, ¿de dónde procede?, ¿quién lo envía?". En fin, ninguna de estas preguntas son respondidas a lo largo de la película, así que ¿¿qué demonios importa??. Lo que sigue a la liberación de la criatura son un puñado de escenas, sin verdadero hilo narrativo o estructura, en las que, por un lado "the blob" se come a alguien, y por otro, la pareja prota y sus amigos hippies se lo pasan bien, corren de aquí para allá y, en fin, no sé, que todo es muy desquiciante y aburrido.
"Blob, masa mortal" apesta a "locuras de juventú", a gamberrada de la que, años después, todos sus implicados se avergonzarían. Eran tiempos de desfase y cachondeo, ¿quién podría culparles?. Bueno, para comenzar los admiradores del film original, claro, cuyo clasicismo, calidad y convencionalidad queda a millares de quilómetros de distancia de lo aquí comentado. Seguidamente, cualquier fan del cine de ciencia ficción con un mínimo gusto. Tercero, cualquier cinéfilo que se precie. Y cuarto, yo, que me cago en las muelas y los premolares de Larry Hagman.
Más allá de sus efectos especiales más o menos potables (aunque los del film original, o los de su imitación italiana, "Caltiki, el monstruo inmortal", son incluso mejores, a ratos esta burbuja del terror en color parece directamente zumo de tomate), no hay nada salvable en "Blob, masa mortal". Como comedia es terrible, no hace puta gracia. Y como peli de ciencia ficción, no hay por donde cogerla. Digamos que toda la parte final intenta centrarse más en ese apartado, cuando el invasor se cuela en una bolera, y vienen los agentes de la ley a detenerla y tal y pascual (obviamente, el sheriff es especialmente malcarado y antipático, ¡hey, man, es la autoridad, y la autoridad no mola!), pero a esas alturas estás tan aturdido por su estridencia, que ya todo te la sopla y solo quieres que la jodida peli termine cuanto antes, y lo hace con un gag tan malo como los previos.
Sí amigos, "Blob, masa mortal" es horrible. Así de simple, no tiene ni encanto. Pero por rara, merecía la pena que apareciera en este blog, masa mortal. Y aquí la tienen. Creánme si les digo que esto ha sido un auténtico sacrificio para mi, aunque sepa a ciencia cierta que ninguno de ustedes lo merece!.

sábado, 28 de diciembre de 2013

TRAS LA MEDIANOCHE

A John Russo todos le conocéis. Básicamente fue co-guionista de "La noche de los muertos vivientes" original y, desde entonces, vive del cuento. Siempre lo consideré una pequeña rémora de George A. Romero, y su jugarreta más sucia fue parir aquella cosa insufrible y espantosa con motivo del 30 aniversario del mentado film. A mediados de los 70 decide estrenarse como escritor especializado en terrores (debutando, cómo no, con la adaptación de "La noche de los muertos vivientes"), permitiendo que algunas de sus obras fueran llevadas a la pantalla, con mejor o peor suerte. Un par de años después, se desvirga también como director con una comedia picante de la que muy pocos han oído hablar ("The Booby Hatch"). Consciente del género al que su nombre iba ligado, el siguiente intento -facturado en 1982- entra de lleno en el terror. Y lo hace auto-adaptándose una novela de mismo nombre publicada dos años antes, "Midnight". Pero John Russo es John Russo, e igual que exprimió a los muertos vivientes de Romero cuanto pudo, o intentó sacar partido -literario- al boom "slasher" en 1979 con "Majorettes" (llevada a la pantalla unos años después), con "Midnight" se apunta al rollo de "La matanza de Texas" o "Las colinas tienen ojos", más unas goticas de satanismo por aquello de marcar la diferencia (y porque en 1980, que es cuando se publicó el libro, estaba de moda en el cine... lo que yo os digo, Russo es Russo), y lo hace con un presupuesto ultra-reducido y la ayuda en tareas de producción del legendario Sam Sherman, viejo aliado de Al Adamson y patriarca de "Independent-International Pictures" (quien se encargó de distribuir la peli en las salas de América).
"Tras la medianoche" (o "Medianoche" a secas, según el doblaje) narra los avatares de cuatro hermanos, todos ellos psicópatas/satanistas, que conservan el cadáver momificado de su madre al que hablan como si estuviera viva (y en un momento dado les contesta, no sé si es un toque sobrenatural de la peli o es que ellos lo imaginan) y cuyo plan es secuestrar y sacrificar a tres chicas para... la verdad, no me acuerdo. Por otro lado, una jovenzuela de la que su padrastro abusa, escapa de casa, se sube a la furgo de unos estudiantes y, juntos y revueltos, terminarán en las garras del psycho-clan. Todo parece que va a acabar mu malamente, hasta que el padrastro violador decide ir a salvar a la moza pistola en ristre. Este último punto me pareció chocante y a la vez sorprendente y edificante, que el "héroe" de la historia sea lo que es, un alcohólico que se tira a su hijastra y miente a la madre de esta, tiene su coña.
Si es cierto que la influencia del clásico de Tobe Hooper está bien presente, también lo es que, pasado los años, se dio la vuelta a la tortilla. El remake de Marcus Nispel presenta una idea que ya desarrolla John Russo en su película, según la cual un par de los integrantes de la familia de asesinos se difrazan de policía rural para detener y cazar a jóvenes excursionistas. Uno de estos lo interpreta alguien que, por aquel entonces, anduvo muy unido al universo de George Romero, John Amplas, le has visto como prota absoluto de la aburrida "Martin" (o "El regreso de los vampiros vivientes", según el irritante título patrio), como el cadáver que quiere su tarta en "Creepshow" o como uno de los científicos en "El día de los muertos". Otro rostro bien reconocible en "Tras la medianoche" es el de Lawrence Tirney, carismático actor con una larguísima y lustrosa carrera iniciada a mediados de los años 40 (!) y que reconocerás por "El asesino de Rosemary", "Miedo azul", "La ley de Murphy", "Agárralo como puedas", "House 3" o "Reservoir dogs". Falleció el año 2002. En este caso interpreta a un personaje que encaja muy bien con su aspecto, el del padrastro vicioso.
Otro nombre bien reconocido ligado a la peli es el de Tom Savini, que se encarga de -únicamente- una parte de los efectos especiales, aunque por su acabado resultan muy fácilmente reconocibles, como son los impactos de bala, las degollaciones o el cuerpo putrefacto de la madre. Y es que, ahí donde la ven, la película de John Russo se suma al lado más "hardcore" del horror (tal y como dictaban los cánones de la época, Russo es Russo), mostrando todo el gore que sus limitados recursos le permite (que no es mucho, pero sí bien resultón, ahí está la famosa secuencia en la que uno de lo malos decapita a una víctima atada y amordazada) y recreándose en secuencias intensas, como cuando los dos chavales que acompañan a la chica son asesinados despiadadamente por los falsos policías o el inicio, donde una niña recibe un certero mazazo en toda la cabeza (menos chanante es el que la chica prota le propina con ayuda de una radio a su papá de mentirijilla, de tan cutre que termina siendo bien descojonable).
"Tras la medianoche" es muy de su época. O no, en realidad apesta más a setentera, no únicamente por su trama satanista y su intencionada crudeza, también por el acabado, algo tosco y cutrón, la ambientación (esa américa profunda repleta de paletos racistas) y su tempo tranquilico. Sí, es un poco chapas, hay que tener paciencia con ella, pero a la larga resulta que no está tan mal. Tiene su encanto, especialmente con todo el climax final, en el que buenos, medio-buenos y malos se enfrentan unos a otros (destaca aquí el asesinato de uno de los psicópatas especialmente cargante porque no para de reír todo el rato, ver cómo un balazo en la cabeza le calla la boca mola mucho). También es verdad que esta peli la vi -por segunda vez y en VHS- el pasado día 24, después de una lustrosa cena y unas cuantas copitas de champagne. No sé si eso ayudó o no, el caso es que no me disgustó especialmente, ni me aburrió criminalmente (al contrario de lo que ocurrió en el ya lejano primer intento).
¿Y qué fue de John Russo?, pues miren, resulta que la cosa tiene chicha. El tio siguió a lo suyo, haciendo películas que prácticamente no se estrenaban (como ese ignoto "Heartstopper", con papel gordo para Savini, de cuando no era tan habitual verle frente a una cámara), escribiendo libros que nadie leía (sobre todo unos cuantos de rollo didáctico, dedicados a los sinsabores de la realización de cine fantástico desde la independencia) y churrupeteando del rollo muertos vivientes (más novelas, guiones para remakes, pseudo-remakes, secuelas, reediciones, comics, bla, bla, bla). No debía de irle demasiado bien cuando en 1993 se junta con el temible J.R.Bookwalter y lanza su primera peli rodada directamente en vídeo y que, tela marinera, resulta ser la secuela de la reseñada, "Midnight 2: sex, death & videotape" (en la que, eso sí, no intenta sustituir al celuloide por la cinta magnética, sino que juega con la estética de las grabaciones caseras a base de crímenes registrados por uno de los supuestos psychos supervivientes del film original, del que incluye un montón de material a modo de flashback). Seguidamente, Russo lanza una revista dedicada al universo de las "scream queens" (llamada, sí amigos, "Scream Queen"), que era algo así como el sueño pajero de todo "nerd" del horror, un especie de "Playboy" dedicado a mostrar en tetas (y en coño) a todas las actrices habituales del cine fantástico más beoso y zetoso (yo solía ojearlo gustosamente y recuerdo un especial en el que se recuperaban las fotos más "hard" de la primera época de Michelle Bauer, cuando intervino en algunos films porno. Realmente fascinante y excitante). De esta empresa surgen dos productos paridos directamente en vídeo bajo mandato de Russo, el documental "Scream Queens' Naked Christmas" y el cutre-"slasher" "Santa Claws". Después de dar unos cuantos tumbos más, rodar una comedia gangsteril titulada "Saloonatics" e intentar exprimir a tope el reciente zombie-boom, el cineasta/escritor/rémora/oportunista anuncia nueva película para el 2014... ¿adivinan cual?, ¡el remake de "Midnight"!, justo cuando los remakes de clásicos setenteros y ochenteros del horror están de moda... Russo es y siempre será Russo.

viernes, 27 de diciembre de 2013

LENTEJUELAS DE SANGRE

Un buen día Eduardo Gión, buscando información para su documental “Madame Arthur”, tuvo la suerte de contactar con Antonio Gracia José. Este señor, se dedicaba en cuerpo y alma al mundo del Cabaret, por lo que fue conocido y respetado en Barcelona. Sin embargo, por otro lado, en un lado aún más “Outsider” del Cabaret, Antonio Gracia José, era un miembro destacado de la escena de cine de terror Barcelonesa. Fanzinero pionero (su pluma se leyó, en su momento en publicaciones como “Terror Fantastic” o “Vudú” allá por 1975 y 1976), un cortometrajista “Underground” y súper ochero de lo más prolífico, cartelista y dibujante de cómics. En ambos ámbitos artísticos era conocido como Pierrot. Obviamente, si son asiduos de este blog, tan solo por condición, doy por supuesto que esta presentación sobra.
El caso, es que Gión, fue presenciando todo ese material que el propio Pierrot le mostraba  de los años 70. Cortos, dibujos revistas y fanzines… y fue surgiendo la fascinación y la amistad. Y justo a principio de gestarse este documental, “Lentejuelas de Sangre”, Pierrot falleció.
El documental, no tiene desperdicio. No ya porque se trate de un documental innovador o especialmente bien elaborado. Al fin de al cabo se trata de un documental de “Cabezas parlantes” con material de archivo audiovisual que ilustra lo que comentan los entrevistados. Pero es que sinceramente, ese es el tipo de documental que, por lo general, a mi me funciona.
Y es que, declaraciones interesantes aparte, el material de archivo es de lo más fascinante y abundante. Vemos fotos, dibujos, portadas de fanzines y extractos de los cortometrajes de terror que Pierrot realizó en aquellos años, los cuales son magníficos. Así que tras ver el documental, uno se queda con las ganas de ver todas esa películas.
Y el ir descubriendo un poco más al personaje, de la mano de las declaraciones de gente como José Lifante, Sebastián D´Arbó, Salvador Sainz, Ricard Reguant y demás gentes representativas de aquella movida, es harto gratificante, porque, además, dejandose de nepotismos, se aporta una visión de lo que fue Pierrot al cine de terror, pero también  se aporta una visión de lo que fue aquella época en general. De hecho, mítica es la narración por parte de Lifante y Reguant de la fallida primera representación teatral de “Drácula” que se representó en  nuestro país, y que gracias a un buen montaje y una buena pericia en la dirección queda retratado con especial dinamismo. Todo el documental juega con las declaraciones de los entrevistados y se van montando sus historias como si fuera un puzzle.
Ergo, para los fans del cine de terror, esto es un documento de lo mas atractivo e interesante, y aquellos fans del transformismo y el Cabaret, pues tienen un documento sobre otras de las facetas de Pierrot que, supongo, no desconocerían.
Muy recomendable. Y me consta que durante 2014 podrán disfrutarlo en dvd, gracias a (Ejem!) Vial of Delicatessens.

jueves, 26 de diciembre de 2013

LA BAHÍA ESMERALDA

Jess Franco siempre decía que “de vez en cuando hay que hacer una película de las otras, para que vean que sabes hacerlas”. Cuando decía “de las otras” se refería a películas convencionales con su planteamiento, nudo y desenlace. Y obviamente, a pesar de lo que muchos pudieran pensar, sabía hacerlas. Muy básicas y aburridas, como las puede hacer un negado sin talento,  pero sabía.
Personalmente, son estas películas convencionales las que menos me interesan de su filmografía, porque pelis malas, las hay a puñados, y estas ni tan siquiera son tan, tan malas como para tenerlas en cuenta. Pero como curiosidad, como siempre digo, si que funcionan.
“La Bahía Esmeralda” sería una de estas películas.
Si las películas de Franco más convencionales no fueran las que menos me interesan, la verdad que hay que reconocer que cuando más en forma estuvo el abuelo, fue en la etapa comprendida entre el cine porno y justo antes del apadrinamiento de “Subterfuge”, es decir, finales de los ochenta, que es la etapa en la que trabaja para  René Chateau y hace “los depredadores de la noche” y para Daniel Lesoeur y “Eurociné” y se saca de la manga “El hundimiento de la casa Usher”, “Operación Cocaína” o esta “La Bahía esmeralda” que como ya he dicho, serían sus películas más convencionales y las que dejarían algo de dinero en tierras extranjeras.
“La Bahía Esmeralda” se estrenó en nuestros cines, distribuida por U.I.P (en aquellos años, esta empresa estrenaba, de tapadillo, montones de películas que les pudieran dejar perdidas. Rollos fraudulentos que se traían) y recuerdo perfectamente los posters en la marquesina, o, discretamente, en alguna revista de cine, que la hacían pasar, perfectamente, por un estreno norteamericano no muy grande.
Cuenta la historia de un país de Sudamérica (aunque está rodada en Tarragona) que está a punto de entrar en una guerra civil, y mientras que el presidente intenta por todos los medios poner una solución a esta situación, el corrupto Coronel Madero, hará mil y una tropelías que llevarán al país directamente al garete.
Una peli con sus tiros, sus persecuciones, su ritmo y, como no, sus imágenes de archivo.
Dentro de la filmografía de Jess Franco, tampoco sería lo más aburrido; sin ser esto la panacea del entretenimiento, está hasta distraidilla. Sería una película digna, incluso. Pero dentro de las películas convencionales, hay miles de millones mejores que esta, que está, en muchos aspectos y para ser del tío Jess, incluso cuidada.
Pero no es ese el motivo por el que  no hay que tenerla muy en cuenta. El motivo es, que al ser una película de encargo, con un guión ajeno (lo firma Lesoeur) y que Franco se limita a rodar el material que le han ordenado, lo que trasmite la maldita película es que Jess se está aburriendo haciéndola. Es todo tan correcto, tan académico, que se echan en falta todos esos zooms y desenfoques habituales de Jess Franco, que por momentos parece que vayan a hacer acto de presencia. Y sin embargo, no se muy bien por qué, tiene ese tufillo inconfundible a lo Jess Franco, lo que la convierte en una película muy rara. E interesante para tener en la videoteca (por menos de eso, tengo pelis peores).
El reparto, como siempre que Jess trabajó para “Eurocine”, “de Campañillas”: Robert Forster, George Kennedy, Fernando Rey, Silvia Tortosa, Craig Hill, además de Mayans, Lina Romay y el propio Franco. Pero la curiosidad está en que la película cuenta con la presencia de Ramón Sheen (no confundir con Ramoncín) ahora más conocido como Ramón Estevez. Y que trabajó en más ocasiones para tío Jess. No hace falta ser muy listo para saber de quien se trata. Efectivamente, es hijo de Martin Sheen y hermano de Charlie Sheen y Emilio Estevez, que además de para Franco, también trabajó para José Antonio de la Loma en “Pasion de hombre”, y ahora mismo se dedica a producir ejecutivamente la nueva serie para lucimiento de su hermano Charlie.
“La bahía Esmeralda”, junto con “Los depredadores de la noche”, es lo más parecido que nos dio Franco a una película de verdad, y ya solo por eso, yo creo que merece la pena echarle un vistazo. Pero si el cine de Jess se limitara a esto, hace tiempo que habría dejado de interesarme.
No obstante, la ultima etapa, la del vídeo y el chocheo –en todos los sentidos-, me sigue pareciendo la mejor y la más interesante.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

HOLMES & WATSON MADRID DAYS

Jamás he comprendido como en un país de mierda, tercermundista como es españa, se desprecia a tal o cual artista, simplemente por su ideología. Y quienes suelen hacer esto, suelen ser los que, orgullosos, se dan golpes en el pecho alardeando de su ideología roja, pero que al despreciar algo tan solo porque tal artista es de un pensamiento contrario al suyo, ya se están convirtiendo en auténticos fascistas.
A José Luis Garci, le ha pasado siempre eso. Se le supone de derechas, cosa que a ciencia cierta ni tan siquiera se sabe, y ya solo por eso, el público “rojeras” le da la espalda. Putos ignorantes.
Incluso, a Garci, en este país le cuesta un huevo hacer cine – de hecho, anunció que le cuesta tanto que, probablemente, esta sea su última película-, sus guiones son desestimados por el ministerio de cultura, simplemente porque no es simpatizante ni del PSOE ni del P.P., y así lo afirmó en el programa de radio para el que colabora “Cowboys de Medianoche”, cuando hablaba de llevar este proyecto a cabo y anunciaba que lo más probable, es que no se rodara nunca.
Finalmente, de aquella manera, lo consiguió.
A mi me la suda a quién vota Garci, o de que partido político es simpatizante, a mí lo único que me importa es el cine. Y ahí, el que no reconozca que Garci, de siempre (se trajo un oscar a la escoria España, y le nominaron más veces) es uno de los mejores directores de cine español, uno de los que más estilo –propio- tiene, y el  más coherente consigo mismo, es que no tiene ni puta idea de cine, o es un bocazas, o directamente retrasado.
Y podemos tildar sus películas de cansinas, aburridas, clasicotas, lentas… de lo que queráis, pero jamás de que sean malas películas. Al contrario, son películas muy buenas, pero destinadas a un público muy clásicote. No aptas para todos los públicos, eso si, más de uno se atraganta con ellas; siendo cine popular, en cierto modo, son anti-populares, pero no por eso hay que tildarlas de malas.
A todos esos que le critican, me gustaría verles llevando a cabo una de esas aparatosas películas de época.
Y es que Garci sabe de cine y sabe hacer cine, y eso es incuestionable. Además, odia el cine español. Puntos a favor, en el factor simpatía.
Garci, además, tiene la costumbre, bárbara, dicen, primordial, diría yo, de doblar a sus actores, cuando estos dan el físico, pero no se les entiende una puta mierda cuando hablan, cosa esta por la que ha tenido algún que otro problema, con dichos malos actores doblados.
El caso, es que, a su modo, Garci no deja de ser un “Outsider” haciendo un cine que, en la actualidad, nadie va a ver, solo porque es de Garci, y que sin embargo rueda infinitamente mejor que cualquiera de los cineastas de moda españoles, por poner un ejemplo, el repugnante  Daniel Sánchez Arévalo. Y solo por eso, y sobretodo, porque me gusta su cine (incluido el de época, que el único cine de época que veo, suele ser el de Garci), ya tiene TODO mi respeto. Y no nos olvidemos de que rodó el binomio de “El Crack”, lo que ya es mucho.
Luego, siendo un director que, en absoluto, siente desprecio por los géneros, en los albores de los años noventa, se le ocurrió la bonita idea de traerse a Sherlock Holmes y al Doctor Watson a Madrid, tras la pista de Jack el destripador, en un proyecto que, por dificultoso, por pago de derechos y demás, lo más probable es que jamás viese la luz… hasta que, condenado al fracaso, se llevó a cabo catorce años después, mal estrenándose, mal promocionándose y acusándosele a Garci de algo que hacen TODAS las productoras españolas; el auto-comprase localidades de pases inexistentes para justificar un mínimo de público ante el ministerio. Si lo hizo (que tampoco hay pruebas), muy mal hecho, pero ¡coño¡ es que solo por ser Garci, la noticia salió a la luz como si fuese el único productor (que también produce la película que nos atañe) que hace esa practica fraudulenta, cuando eso, doy fe pues lo se de primera mano, se lleva haciendo años con todos los bodrios del cine español. Y es absolutamente deleznable y condenable, pero no exclusividad de Garci, en el caso de que lo llevara en practica, y a mí, no me consta (si, no obstante, con la mayoría de películas dirigidas por Gerardo Herrero)
Pero, a la película ¿Qué le pasa? Absolutamente nada. La película es buena.
La trama es tan sencilla, como que, tras la pista de Jack el destripador, una serie de asesinatos llevan a Sherlock y Watson hasta Madrid donde irán investigando mientras se van encontrando con personajes reales de la farándula Madrileña de 1889 como pueda ser Benito Pérez Galdós, y además, se nos cuentan las relaciones sentimentales de ambos personajes de ficción, como novedad añadida.
Todo ello desde un prisma muy Garciano, muy a lo obra televisiva del rollo “Cañas y barro”, pero con el aliciente de los asesinatos de Jack el destripador, y con la presencia de nuestros protagonistas Ingleses, tomando cafeses por ahí en las tascas.
Bien rodado, inmejorablemente ambientado, y eso que por problemas presupuestarios, los exteriores fuera de Madrid, son solucionados a base de mostrarnos postales o lienzos pintados a mano, que en absoluto chirrían por el tono, diría que “Kitsch” de la película, y con un sello Garci totalmente reconocible, haciendo esas transiciones, fundidos y trasparencias entre escena y escena, como Garci lleva años haciendo (no en balde, la película también la ha montado él, y me encanta que en los créditos se deje de modernismos abominables poniendo “Montaje” en lugar de “Edición”).
Todo en “Holmes & Watson. Madrid days” destila cine, pese a quien le pese, y como se trata de una película sobre Jack el destripador, tenemos hasta sus dosis de sangre, las justas, para tampoco escandalizar a su público potencial, que es de señoras de setenta años.
Así que, si, lenta, densa, larga, pedante… pero en absoluto aburrida, ni mucho menos cutre y chunga como muchos, no se todavía muy bien por qué, se empeñaron en hacernos creer, fallidamente. Al contrario, es una desmesura lo bien solventada, producida, ambientada, fotografiada y  filmada que está.
Realista. si Holmes y Watson hubieran existido, y hubieran visitado Madrid, el ambiente, situaciones, e incluso ellos mismos, serían muy parecidos a los que Garci nos muestra en esta película.
Siento un tremendo respeto por el cine bien hecho, y esta película lo está, a parte de parecerme que está entretenida, como al fin de al cabo todo lo de Garci, cuyo sello, no obstante, es la cadencia lenta, seria, y como para un publico, muy, muy adulto (viejos, vaya).
Por otro lado, señalar la polémica que levantó el engañoso trailer, que nos presenta la película como una suerte de "Thriller" de acción detectivesca, cuando en realidad se trata de una cosa mucho más costumbrista y a lo Garci. Ese trailer es un absoluto engañabobos. Maravilloso por otro lado, con esa música de terror sonando mientras vemos escenas punteras de la película.
Como Sherlock Holmes tenemos a Gary Piquer, habitual en el cine de géneros interviniendo en películas como “Goma 2” de José Antonio de laLoma, “El niño invisible” con “Bom Bom chip” o “Romasanta” de Paco Plaza. Como John Watson, tenemos a un actor que a mí no me gusta nada, como es José Luis García Sánchez. Y todos ellos secundados por actores tales como Carlos Hipólito, Juan Muñoz (el de Cruz y Raya), Victor Clavijo, Macarena Gómez, Enrique Villén, Manuela Velasco, Manuel Tejeda…
Si algo se puede decir de negativo a esta película, es lo de siempre; los actores españoles, que quitando los veteranos, son todos más malos que la hostia. Y en este “Holmes y Watson. Madrid days”, la cosa no podía ser menos. Garci lo medio sabe, y a los peores, les dobla.
No la voy a recomendar, porque ustedes, lectores, están llenos de prejuicios. Yo también, pero defiendo el cine que me gusta.

martes, 24 de diciembre de 2013

Kick-Ass 2

No hay como llegar “virgen” a una película para disfrutarla plenamente. En Kick Ass me paso que cuando la vi había leído antes el comic, ya conocía la historia, sus detalles y la posible moraleja que tiene la obra original. Al ver la película, la cual me gusto, me lleve un pequeño chasco, y es que uno de los detalles de más relevancia y que al final daban razón a la creación de los superhéroes, en el filme era completamente cambiado haciendo que perdiera el sentido. Me refiero a la profesión de Big Daddy. Como es un detalle que no estropea el filme os lo voy a contar. En la película Big Daddy (grande Nicolas Cage) es un policía que se retira para hacer el bien como vigilante junto a su adorable hija Mindy. En el comic simplemente es un friki de los comics que creció entre las primeras ediciones de Superman, Batman y Spiderman,  los cuales guarda celosamente en una maleta metálica que lleva a todas partes. Esos comics son los que le sirven de sustento económico. Como sabéis están muy bien valoradas las primeras ediciones. De esta forma Big Daddy era exactamente igual que Kick Ass, solo que en el cuerpo de un hombre de cuarenta y tantos. De esta forma el comic nos dejaba ver que estos superhéroes de la vida real son unos pequeños tarados que han leído muchos comics, algo así como unos Don Quijotes modernos. En la película todo esto se lo pasaron por el forro de los cojones. Así que me alegro de no haberme leído los comcis de Kick Ass 2 y verme la película siendo “virgen” porque así no me decepciona para nada, y es que como ya podéis deducir, la película me ha gustado bastante.



Mindy ha dejado de ser Hit Girl (y se ha convertido en un señorita de muy buen ver) a su nuevo padre, el compañero de su padre biológico, le ha hecho la promesa de no volver a enfundarse en el traje de la superheroina. Así que Kick Ass busca a otros superhéroes con los que juntarse y marcar la diferencia. Por su lado Chris D´amico, el que fuera Bruma Roja se transforma en El Hijo Puta, el primer supervillano de la historia. Con su dinero y sus ansias de acabar con Kick Ass para vengar la muerte de su padre, organiza un ejército. Dave, Kick Ass, se une al grupo Justicia para Siempre, donde conocerá a otras personas que como el quieren hacer el bien. No solo encontrara una figura a seguir en el Coronel Barras y Estrellas (un gran Jim Carrey que después de rodarla y cobrar su cheque rajo a base de bien de la violencia de la película, que ojo, yo creo es bastante menor que en la primera parte) sino que también encontrara en Zorra Nocturna, no digamos el amor, pero si un sitio donde arrimar la cebolleta.

Argumentalmente eso es todo, lucha de “ejércitos” y clímax final. Tampoco se le pude pedir mucho mas a una película sobre el fenómeno de los Superhéroes de la vida real. Ahora toca leerse el comic, y en eso me pondré en breve.

Menos sangre que en su precuela, pero va mejor de ritmo, y es que no tener que contar orígenes nos lleva al grano casi desde el principio. Esta muy chula.

lunes, 23 de diciembre de 2013

REBOBINE

Si he de recomendar un  documental, muy por encima de cualquier otro a los lectores de AVT, ese sin duda es este “Rewind This!”, es obvio ¿no? No solo porque es un gran documental, sino por la temática  del mismo: La “Golden Era” del video-club.  Y es que es toda una generación de personas de entre los 30 y los 40 años (los de ventipocos que no me vayan de snobs con las cintas de vídeo porque no han vivido esa época) la que nos hemos criado al amparo de esos locales particulares donde podías alquilar novedades a 200 pesetas y roñas a 100, llamados video-clubs. Y a esa generación en particular y no a otras, va dedicado este maravilloso documental.
La cosa, obviamente, me toca de cerca, porque fui coleccionista de VHS hasta que llego el DVD y me pase al DVD porque la nostalgia funciona conmigo hasta cierto punto y como formato domestico para ver películas, el DVD me parece mejor, y para mí, el definitivo. Y teniendo las películas en DVD con sus extras o en su defecto, un buen “rip” de según que película, me vale, pero, es un documental que ha dejado una buena mella en mí, porque, aunque no sean VHS lo que me tira en la actualidad, el coleccionismo de cine en particular, es algo con lo que me siento totalmente identificado. Son cintas de VHS, pero si fueran revistas, muñequitos o pósters, las gozaría igual.
La época de la que se habla y la cosa de alquilar cintas, la viví intensamente, incluso en la era del DVD. Al igual que muchos de los entrevistados en este docu, yo también atravesé cientos de rastrillos en busca de esa cinta rara, y como director de cine, también me identifico con esos directores entrevistados que aseguran que su escuela de cine fue el video-club, que su amor por el cine viene de ahí y no de las grandes salas.
Y es que eso analiza este documental. El fenómeno de  las cintas de vídeo, el impacto de este mercado en los ochenta, el como muchos se hicieron millonarios rodando una mala película directamente en vídeo y explotándola en ese formato. Entre mil cosas más de total interés para el espectador que decide ver un documental como este.
Para ello, el director, hijo de la era del video-club, Josh Jonhson, que debuta en estos menesteres, se marca una absoluta obra maestra de la documentación, entrevistando a expertos en la materia, directores como Lloyd Kaufman, Atom Egoyan, Frank Henenlotter, Charles Band, J.R. Bookwalter, David “The Rock” Nelson –que se marca un “speech” por los que es famoso (entre quienes le conocemos)- etc, etc,  así como entrevista a los mayores coleccionistas de VHS de los USA,  y se analiza, ligeramente, el fenómeno de otros países.
Para correrse son momentos como el de la cámara (una de vhs, no una de HD) siguiendo por un rastrillo de Texas a un coleccionista, que rebusca y dice que siempre se tiene que encontrar, en todos los saldos a los que va, una edición de “Titánic” muy popular de la época, o coleccionistas mostrándonos lo más raro de sus colecciones. Curiosidades como que “Una historia de violencia” de Cronenberg fue la última película que se editó en VHS y data de 2006, o las ediciones en pleno siglo XXI de películas  como “La casa del Diablo”, salen a relucir en el docu.
Absolutamente orgásmico.
Por otro lado, me sorprende gratamente comprobar, que el fenómeno del video-club fue muy similar en todas partes. Este  documental es americano, pero sería muy parecido si lo hubieran hecho aquí, de hecho, todo el mundo alquilaba en aquellos tiempos, llegaba cualquier tipo de mierda a las estanterías y a día de hoy hay un montón de coleccionismo al respecto. Quizás el rollo coleccionista aquí sea más cafre, auténticos garrulos que acumulan por acumular y sin saber que es lo que acumulan ni el valor de lo acumulado (esto es España, señores), no como el royo yankie, sin duda más especializado. No estaría mal hacer la versión española del fenómeno del video-club.
Independientemente de la nostalgia, el rollito, que pueda irme más o menos, el documental está hilvanado con solvencia y fluidez, montado con velocidad, consiguiendo una cadencia casi perfecta, y unas imágenes de archivo deliciosas, solo superadas por las imágenes filmadas de enormes vídeo-clubs todavía en activo  en los Estados Unidos.
Además de estar todo muy en su sitio, el documental, en el que se entrevistan a mogollón de famosos, no cae en el error que sería, lo que cualquier yankie pensaría en cualquier momento a la hora de ponerse a rodar un producto de estas características: Entrevistar a Tarantino. Aunque quizás eso se de aquí, por pura inaccesibilidad ¿quien sabe?
Esto es una autentica maravilla, una joya, y un peliculón. Y es que, si no fuera un documental sobre el VHS, si fuera sobre la pesca en los ríos de las rocosas, también sería un buen documental.

domingo, 22 de diciembre de 2013

NO VAYAS AL BOSQUE... SOLA

El terror es un género muy agradecido. Cualquier mindundi puede pasarse haciendo películas toda su perra vida sin que nadie le haga ni puñetero caso, hasta que decide ponerse manos a la obra con una de terror y, si conecta mínimamente con el fan medio, se acabó el anonimato, esa será por la que se le recordará. Así de simple. Lo más divertido es que no tiene por qué ser una buena peli, basta con que sea peculiar. ¿Y qué entienden los fans por "una de terror peculiar"?. Fácil, que tenga sangre a borbotones. Mete gore que así, por cutre e inútil que sea, ya tendrás medio trabajo hecho. Si encima te subes a un género de moda, la censura te mete un tijeretazo y dejas que pasen un buen montón de años para que la nostalgia actúe, el cockatil resultante es explosivo.
Y si no, que se lo digan a James Bryan, cineasta totalmente zetoso y semi-amateur que operó entre los 70 y 80 y parió un buen puñado de títulos, todos baratos y pertenecientes a géneros tan diversos como comedia, drama, erotismo o acción. Nadie recuerda ninguno de ellos... y nadie recordaría a James Bryan sino fuera porque en 1981, muy oportunamente, decidió apuntarse al "slasher" justo cuando más pasta daba en las taquillas del mundo.
En realidad su aportación, "Don´t go in the woods alone", pobretona, patosa, tosca y cutre, arrastra la reputación de ser una de las peores muestras de "cine de acuchillamientos" de su época (aunque sin llegar al nivel de roñas tan tremendas como "Sábado 14" o "Last Slumber Party"). Lo que pasa es que en Inglaterra terminó desterrada a las listas de los famosos "Video Nasties", lo que le repercutió de modo altamente beneficioso. Desde entonces le acompaña un culto la mar de notorio y exagerado que yo, francamente, no me explico demasiado (el famoso y carísimo libro "Nightmare USA" le dedicó un buen porrón de páginas)
porque, por no ser, ni tan siquiera es demasiado truculenta (algo habitual entre los integrantes de la poca honrosa lista de títulos prohibidos por el gobierno británico). Sí, hay muuucha pintura roja, y también alguna amputación y decapitación, pero todo está tan mal parido y, sobre todo, resulta tan falso, que en ningún momento podemos decir que sea perturbador o especialmente impactante. Añade al pitote unas molestas y nada adecuadas dosis de comedia voluntaria (incrementada por la extravagante banda sonora a base de sintetizador, simpática cuando ilustra momentos de terror, pero muy dañina cuando adquiere un tono bufo) y lo que obtendrás queda lejos de ser medianamente ofensivo o escandaloso.
Lo ofensivo y escandaloso es la poca imaginación del guionista. "No vayas al bosque... sóla" narra los avatares de un puñado de excursionistas que se las piran a un monte de lo más transitado, si tenemos en cuenta la cantidad de pobres infelices anónimos que
pululan por allí y van siendo masacrados a lo largo de la peli. Un modo como cualquier otro de amenizar el visionado hasta que los protas se topen frente a frente con el psicópata de rigor, un especie de ermitaño vestido de oso, al que le gusta tanto matar como babear. Algunos  logran escapar, llegar a la civilización y pedir ayuda, ya que una amiga suya se ha quedado a merced del monstruo. Pero viendo que los agentes de la ley se lo toman con calma, deciden actuar por su cuenta y riesgo (lo que da pie a la única idea notable de la peli y que afecta directamente a esa amiga rezagada).
Todo ello, como decía, confeccionado de un modo altamente incapaz, muy amateur en el mal sentido. Lo que, sí, no lo niego, da cierto encanto al descalabro. Esta peli, grabada hoy día en digital, sería insufrible, pero ya conocen -o deberían- la capacidad del formato fotográfico para ocultar la estultez de las cosas. Todo parece más chulo en celuloide, incluso atentados tan chungos como "No vayas al bosque... sóla". Recuerdo perfectamente que de chaval le encontré horrorosa. La otra noche, consumiendo el ripeo del Beta que hizo mi buen amigo Enorm, pues hombre, la "disfruté" un poquito más, sobre todo la parte intermedia, que es la más dinámica (la edad no perdona, amiguitos)... pero, cojones, es jodidamente rancia.
¿Y que pasó con James Bryan?, pues no mucho. Hizo cuatro pelis más y se retiró a mediados de los ochenta, para dar paso a la inevitable "leyenda". De entre sus últimos estropicios destacan dos. La primera es "El ejecutor de New York", una "de justicieros" al estilo Bryan (es decir, muy muy zopenca) que algún día reseñaré cuando logre verla en castellano, ya que de momento únicamente he podido "gozarla" en v.o. (aunque me ha bastado para maravillarme ante sus innumerables anti-virtudes). Lo "mejor" del sarao es que se trata de un exploitation de "El Exterminador" (otro exploitation en sí mismo), tanto que en los USA se estrenó como "The Executioner Part 2", bizarro si tenemos en cuenta que cualquier película previa titulada "Executioner" no guarda la más mínima relación, ni argumental, ni formal, ni logística, con el film de Bryan. Fascinante. La otra es "Run Coyote Run", que ni tan siquiera figura en la filmografía que el cineasta tiene en Imdb. Se trata de la segunda parte del que se supone su último film real, "Lady Street Fighter" y lo marciano es que viene compuesta a base de collages de escenas de las "action movies" previas de Bryan, unidas por temibles insertos grabados en vídeo, dando como resultado una sopa sin sentido ni forma que terminó por enterrar definitivamete la carrera del gentleman.

sábado, 21 de diciembre de 2013

EL POSTER ESPAÑOL DE "RE-SONATOR"

Hace unos pocos días reseñaba "Re-Sonator" y, porque las cosas  buenas siempre vienen juntas, hoy les dejo aquí su extravagante y daliniano poster, que hace nada me agencié mediante intercambio.
Original del año que se estrenó la peli (por ahí 1988), es de aquellos posters que, de cerca, ves por dónde pasaron las tijeras. Muy entrañable todo. Y como colofón, el logo de "Empire" bien gordo ahí abajo.
En principio no lo voy a colgar, mi refugio ya está bien amueblado con aquellos maravillosos papelotes (o plasticotes) que me alegran la vida cuando me levanto por la mañana y les doy un repaso con los ojos llenos de legañas... pero sí que lo pienso atesorar, obvio es, en la carpeta para tal menester, junto a joyazas como el poster de "El justiciero de la noche", el de "Exterminador 2" o tantos otros...

ENJOY!!!



THE LAMP (LA LÁMPARA)

Cuando en su momento escribí la reseña de la simpática "Wishmaster", comenté que la idea de un genio cuya función era conceder deseos tergiversados, para que se volvieran contra el "pedidor", me parecía cojonuda y no me sonaba haberla visto con anterioridad. Pues bien, en realidad les estaba mintiendo... solo que, entonces, no lo sabía. Ese mismo concepto también lo aplican en "The Lamp / La lámpara". No igual, no con la misma gracia y tampoco como parte esencial de su escuálida trama, pero sí, nos presentan un genio cabrón y muy mal intencionado. Y el caso es que la había visto muchos años antes que "Wishmaster", alquilada en vídeo, pero no la recordaba, cosa esta que, una vez revisada recientemente, no me sorprende ni lo más mínimo.
Una lámpara mágica que poco tiene de maravillosa, cae en las zarpas de los arqueólogos de un museo tras haber cometido unas cuantas calamidades. La hija de uno de estos queda medio hipnotizada por el objeto, tanto es así que el bichejo que lo habita la posee y aprovecha las circunstancias para convencer a sus amigotes de pasar la noche en el mismo museo, que poco tendrá de divertida y festiva y sí mucho de terrorífica (al menos para ellos, se entiende).
Parida el año 1987, "The Lamp / La lámpara", conocida también como "The Outing", ocultaba su condición de terror adolescente de saldo tras una caratula más que llamativa y efectiva (la misma que aquí les dejo). Por lo demás, pues mucha mediocridad y un puñado de anti-virtudes notorias de entre las que destaca su actriz protagonista, la pelirroja Andra St. Ivanyi, que dejaría la interpretación para ponerse a escribir, faceta esta que le ha ido bastante mejor (no cuesta nada localizar su Twitter y ver cómo se conserva de bien hoy día). El caso es que hizo lo correcto, porque como actriz es de lo más incapaz, sobre todo cuando interpreta a una adolescente tardía vestida en plan drama-teen de John Hughes poseída por el genio malvado de una lámpara. Ya de chaval me irritaba su careto. La otra noche me irritó algo menos, pero seguía resultado bastante inufrible. Tampoco el director, Tom Daley, hizo nada más -en esa faceta- tras "La lámpara". Una película repleta de "One Hit Wonders", si es que podemos considerar "wonder" a esto.
Sí, hay algunas muertes truculentas, aunque no mucho. Sí, hay efectos especiales de la vieja escuela. Sí, hay un monstruo animatrónico que sale hacia el final y, sí, está la efectiva escena de la momia que revive y de un muerdo le arranca los dedos a un infeliz. Pero todo se queda ahí, lo demás no es que brille demasiado, sobre todo ciertas incongruencias de guión, como ese "ahora estoy poseída, ahora no lo estoy, ahora vuelvo estarlo..." de la prota, por mentar alguno.
"The Lamp" es una mediocre muestra de terror ochentero absolutamente olvidable... pero la verdad es que tampoco me hizo trallar, ni me aburrí mortalmente... no sé qué creer, puede que influyera mucho la nostalgia y el hecho de que la viera en su formato videográfico, así que no se fíen mucho de mis buenas impresiones, tomen más en consideración las otras.