sábado, 10 de enero de 2015

HOUSE 3

A raíz del fenómeno Freddy Krueger muchos fueron los productores avispados que intentaron subirse al carro del dinero fácil rodando epopeyas horroríficas situadas en el mundo de los sueños y las pesadillas.
De entre todos esos desalmados hombres de negocios destacó Sean S. Cunningham, frustrado/resignado papá de la franquicia "Viernes 13", y no porque su apuesta resultara ni mejor, ni más estimulante, sino por su vinculación previa con Wes Craven, creador de "Pesadilla en Elm Street", con quien durante los setenta se asoció para esputar la epatante y clásica "La última casa a la izquierda". Ya suena un tanto rastrero que Cunningham robara a su ex-partner, pero la cosa empeora si comparamos las tramas de esta "House 3" con "Shocker, 100.000 voltios de terror", película del mismo Wes Craven en la que, copiándose a sí mismo, intentaba repetir el éxito del de las garras. Son sumamente parecidas y ambas vienen fechadas en el mismo 1989, lo que aún añade más misterio.
Un súper-asesino del copón bendito es capturado y llevado a la silla eléctrica. Una vez sentado y enchufado, tarda un huevo en palmarla. Muerto su cuerpo físico y convertido en una especie de electro-fantasma, se tomará la revancha puteando a conciencia al policía que le detuvo.
Leída la trama de base, además de corroborar el mentado parecido con "Shocker", nos percatamos de que su vinculación con las dos "House" previas es prácticamente nula. Efectivamente, que se la bautizara como la tres fue cosa de los productores, que por algún motivo desconocido pensaron que funcionaría de fábula en el mercado no-yankee. Pal autóctono conservó el original, "The Horror Show", muy "cool"... demasiado incluso para la peli que parapeta. ¿Por qué?, pues porque "House 3" es, ante todo, terriblemente previsible, formulática y angustiosamente aburrida. Sin alma. Que sí, que está decentemente facturada a un nivel técnico, pero eso a mí ya no me impresiona ni me vale.
Curiosamente estamos ante un producto que sirve de casi perfecto puente entre el terror ochentero, del que toma prestado un gore sorprendente en su gran guiñolismo (cadáveres metidos en trituradoras, cuerpos mutilados por doquier, incluso una niña decapitada) y el terror noventero, como cierto humor mal incorporado –práctica esta que los supuestos expertos otorgan a la década de los 80, pero que yo no comparto- y, obvio, el abuso de sustos baratos (el gato saliendo disparado del interior del armario a ritmo de "marramiau!". Mira que he convivido con felinos muchos años y jamás he visto ninguno que se encerrara dentro del armario y se quedara ahí, esperando en silencio durante horas, a que algún incauto abriera la puerta) o de efectos especiales grotescos que arrasan con toda posible verosimilitud y malrollismo. A pesar de este último dato, "House 3" sufrió los temibles envites de la censura, que se encargó de hacer desaparecer para siempre algunos momentos de puro "shock" (que no "Shocker"), como este mismo que les dejo aquí al ladito, con el protagonista abriéndose el pecho de par en par y mostrando su sufrido corazón.
Viendo "House 3", las deudas que arrastra con la calle Elm saltan a la vista. Dejando a un lado todo el tema de pesadillas y surrealismo de andar por casa, tenemos la inevitable fábrica humeante como guarida del malo, el sótano misterioso con su descontrolada caldera y un asesino que mata desde un plano sobrenatural, puede suplantar personalidades y gasta un nombre tan chanante como el de "Max Jenke". Añádanle al pack una tendencia a hacerse el graciosillo y adoptar formas monstruosas totalmente "kruegerianas". El gran problema aquí es que esa actitud desenfadada no le pega nada siendo como es -sobre todo antes de mutarse a pseudo fantasma- un personaje fundamentalmente desagradable y antipático. Su risa burlona o su estúpida conversión a "monologuista macabro" en uno de los peores gags de toda la puta película, se notan extremadamente y erradamente forzados. Tal vez en ese sentido funcione mejor la mención de Don Johnson como la polla más deseada por la platea adolescente en aquellos tiempos. Claro que ahí entramos en el terreno de la comedia involuntaria.
En el reparto localizamos a peña tan carismática como el eterno Lance Henriksen. Brion James en su salsa -hacer de malo se le daba muy bien- explotando al máximo ese inimitable careto de pervertido. La preciosa Dedee Pfeiffer como teenager desbocada (incluida escena de ducha, aunque la doble de cuerpo canta tanto como esas negras prendas indiscretas que lleva encima de las tetas –¡rima!-). Aron Eisenberg es el bizarro adicto al heavy metal de andrógina sexualidad. El legendario Lawrence Tierney se reserva un rol la mar de escueto. También nos damos de bruces con el televisivo Matt Clark, Terry Alexander (el prota "de color" de "El día de los muertos") y Lewis Arquette (cabecilla del clan Arquette y que llegó a participar en cosas como "Porquis 13" –no confundir con “Porky´s 13 en Vietnam”-).
Y lo que tenemos tras las cámaras es puro culebrón. Aunque el director oficial que aparece en los créditos es el prematuramente fallecido James Isaac (responsable de "Jason X" o "Pig Hunt", después de cambiar el taller de efectos especiales por la silla del dire), en realidad "House 3" arrancó con otro al volante, el Neozelandés David Blyth ("Death-Warmed Up/Experimento Mortal") en una desesperada y fallida intentona por labrarse una carrera hollywoodiense. Desconozco qué motivó su despido, pero probablemente no sea una historia precisamente bonita.
Como tal vez tampoco lo sea el hecho de que uno de los co-guionistas, Allyn Warner (de notable carrera previa en televisión y que después de "House 3" no volvería a hacer nada más), decidiera aparecer acreditado como Alan Smithee... ya saben, el pseudónimo oficial que todo profesional del cine utiliza cuando reniega de su labor, generalmente por intromisión de un ente ajeno. Al otro escribiente, Leslie Bohem, las cosas le fueron mejor. Debutaba con "House 3" y seguiría con la casi ofensivamente lógica quinta parte de "Pesadilla en Elm Street" (imagino que su expolio sería lo suficientemente correcto como para que los productores de la saga original le consideraran una opción válida), "Sin escape (Ganar o morir)" pa luciminto de Van Damme, "Pánico en el túnel" pa lucimiento de Stallone, la risible "Un pueblo llamado Dante´s Peak", el super-batacazo "El Álamo - La leyenda" o la "story" de "La hora más oscura".
De los efectos especiales se responsabiliza la inevitable "KNB Group" y de la música el eterno socio de Sean Cunningham, Harry "Viernes 13" Manfredini. Y ya que hablamos de la famosa saga, también localizamos a Kane Hodder ejerciendo de "stunt". Una gran familia feliz.
Para despedirnos, algo de friquismo: No podía pasar por alto el cartel de la película. Aunque suene redundante... que levante la mano el que no haya visto esa misma mano abierta en tropecientos mil posters más. Sí amigos, estamos ante uno de aquellos inolvidables iconos de la subcultura del “jetismo caratulil” que tanto nos pone, muy representativa de los años 90. Algún día dedicaré un artículo/repaso a todo ello, lo mismo que a las secuelas falsas que el mercado italiano se sacó de la manga con "La casa" como palabro recurrente. Aunque esputada a raíz del primer "The Evil Dead", dicha franquicia de mentirijilla afectó también -lógicamente- a los "House" producidos por el Sr. Cunningham, incluida aquí esta tercera parte que en esos lares se lanzó como "La Casa 7", nada más y nada menos.
Pero todo ello lo dejamos para más adelante... de momento quédense con que "The Horror Show" es rematadamente mediocre y recomendable de modo exclusivo a completistas del terror yankee con más moral que el Alcoyano.